Compasión y no violencia (fragmento)

1. Todos queremos felicidad

Todos queremos felicidad, nadie desea sufrir. Muchos de nuestros problemas son proyecciones mentales de ciertas cosas negativas o desagradables. Si analizamos nuestra actitud mental, puede que la encontremos bastante insoportable. Por consiguiente, una mente equilibrada es muy útil y hemos de intentar y conseguir tener un estado mental estable.

Todo el mundo quiere tener un cuerpo sano, a nadie le gusta estar enfermo. Por lo menos a mí no me gusta, pero me resfrío muy a menudo, especialmente cuando voy a Bodhgaya. Casi cada vez que voy allí ¡la bendición es tan grande que siempre pillo una gripe! Pero el caso es que todos queremos tener buena salud, y uno de los medios importantes para conseguirla es tener una mente estable.

El adiestramiento mental es esencial para la buena salud. La buena salud y la estabilidad de la mente significan gozar de una vida buena y feliz y de un futuro prometedor. Aunque una persona se encuentre en un entorno hostil, si tenemos una actitud mental firme y estable, la hostilidad no le causará demasiados trastornos. Sin estabilidad mental interna o la actitud mental correcta, no podemos ser felices, estar tranquilos o tener paz, aunque estemos rodeados de los mejores amigos o de las mayores comodidades. Ésta es la razón por la que es vital adiestrar la mente y no debe considerarse un asunto religioso. Todas las personas deberían practicar alguna técnica o método para adiestrar la mente. La mente no tiene color, ni forma y es difícil de identificar. Sin embargo, es poderosa. A veces resulta difícil revisarla, cambiarla y controlarla. Creo que en gran medida depende del tiempo, de la voluntad, de la determinación y de la sabiduría. Si tenemos determinación y sabiduría –esta última implica conocimiento–, entonces la cuestión es cómo adiestramos la mente. Al final, con el paso del tiempo, nuestra mente puede cambiar y mejorar. Por ejemplo, respecto a mis padres, mi madre era extraordinariamente amable y tenía mucha paciencia, mientras que mi padre se enfadaba fácilmente. En los primeros años de mi vida, me sentía mucho más allegado a mi padre y, por ende, tenía tendencia a la ira. Más adelante me sentí más próximo a mi madre y estaba mucho más calmado. Aprendí de ambos. Tradicionalmente, los tibetanos creen que las personas que proceden de Amdo tienen más mal genio y son más directas. Puesto que yo soy de esa región, ¡tengo una buena excusa para mi carácter iracundo!

Puedes adiestrar tu mente analizando el efecto de la ira, así como a través de las experiencias de otras personas. También es útil revisar la historia. Siempre que examino la tragedia humana, descubro que en la mayoría de los casos es el resultado de la conducta humana, de las emociones negativas como la ira, el odio, los celos y la codicia extrema. Todas las cosas buenas son experiencias humanas más felices y constructivas, principalmente motivadas por el respeto hacia los derechos de los demás y la preocupación por su bienestar: compasión, amor y amabilidad.

Una investigación profunda de las experiencias humanas, de los acontecimientos pasados y de la práctica cotidiana es absolutamente necesaria para conseguir el cambio y la mejora. Los seres humanos nos parecemos a nuestros deseos. Ésta es la razón por la que controlar la mente es importante.

 

Los Ocho versos explican la importancia del altruismo y cómo preservarlo cuando nos encontramos con situaciones difíciles en la vida. Tanto para los seres humanos como para los animales, la sociedad se funda en el afecto o en el amor. Durante el período en que estamos en el útero materno, la estabilidad mental y la paz de la madre son muy importantes para el desarrollo del feto. Las primeras semanas después del nacimiento también son un período crucial para el desarrollo del cerebro. Durante esa fase el contacto físico con la madre es extraordinariamente importante. Esto demuestra que la condición física necesita de por sí la calidez y el afecto de los demás. El primer acto del bebé humano es mamar. El acto de mamar o de recibir la leche no surge del odio o de los sentimiento negativos. Aunque en ese momento la mente del bebé no esté clara y no tenga una idea bien formada sobre su madre, hay un lazo o sentimiento de proximidad firmemente establecido. Sin embargo, si la mente de la madre alberga ira o algún sentimiento negativo hacia el niño, puede que no tenga leche. Es el profundo afecto y el sentimiento de proximidad hacia el bebé el que permite que la leche fluya adecuadamente. Dirigirnos hacia nuestra madre para alimentarnos es nuestro primer acto como seres humanos.

En los meses y años siguientes dependemos mucho de los demás, principalmente de nuestros padres o cuidadores.

Sin su bondad y responsabilidad, el niño no podría sobrevivir. Como estudiantes nos damos cuenta de que si un profesor es afectuoso o accesible, sus lecciones y su propia persona dejan una impresión duradera en nosotros.

De tanto en tanto hemos de visitar a los médicos, incluso aunque no queramos. Aunque el médico puede estar muy cualificado, si su rostro está tenso y no dibuja ninguna sonrisa, nos sentimos incómodos. Si muestra una verdadera preocupación por nuestra salud y es amable, nos sentimos bien.

Cuando nos hacemos mayores, volvemos a depender mucho del afecto y la bondad de los demás. Así es la naturaleza humana. Puesto que los seres humanos somos criaturas sociales, dependemos mucho lo unos de los otros para nuestra supervivencia.

Incluso los animales pequeños y los insectos como las abejas y las hormigas tienen algún tipo de instinto social. Tienen un gran sentido de la responsabilidad y trabajan juntas en equipo. Si observamos las abejas, vemos que trabajan en cooperación, aunque no tengan ninguna religión, constitución o leyes. Su constitución y forma de vida exige que trabajen juntas; de lo contrario, no pueden sobrevivir. Los seres humanos reivindican ser seres superiores, pero de hecho a veces son inferiores a estos diminutos insectos. Nuestra situación exige que vivamos juntos y por eso lo hacemos. Es una ley natural, pero algunas veces actuamos del modo opuesto.

 

Según el budismo, las plantas no tienen mente o conciencia. Como monje budista, digo que no tienen conciencia; pero no lo sé, es difícil poder decirlo. Creo que hemos de investigar más sobre ello. A veces la gente dice que las plantas tienen algún tipo de poder cognitivo o sentimiento. Incluso sin conciencia o mente, su existencia se basa en la cooperación de cada partícula y cada célula. Cada partícula tiene una obligación y función, y todas las partículas trabajan juntas para que la planta pueda sobrevivir y desarrollarse. Asimismo, la función y la existencia del mundo, del propio planeta, incluso del universo, depende de la cooperación.

Las distintas partes del cuerpo humano actúan en conjunto y nos permiten funcionar correctamente. Nuestra existencia y supervivencia depende de la cooperación y de la coordinación de estas partes. Veamos el ejemplo de la familia humana. En ausencia de cooperación y de compresión, padres e hijos están siempre peleándose entre ellos. Lo mismo sucede con las parejas. Luego viene el divorcio y ya no hay paz ni felicidad. Han arruinado su matrimonio. La cooperación es necesaria para tener un cuerpo, una familia, una sociedad y una nación sanas. ¿Cómo desarrollamos la cooperación? ¿Por la fuerza? ¡Imposible! Entonces, ¿cuál es la alternativa? Las acciones voluntarias, el altruismo y mostrar preocupación por el bienestar y los derechos de los demás. Esto no tiene por qué considerarse sagrado; puesto que es en nuestro propio interés y nuestra supervivencia depende de ello. Por ejemplo, si te preocupan otras personas y sientes una verdadera amistad hacia ellas, éstas también te responderán apropiadamente.

Me encantan las sonrisas y la risa. Si uno quiere más sonrisas en su vida, ha de crear las condiciones adecuadas para que se produzcan. Hay muchos tipos de sonrisas. Algunas son diplomáticas o sarcásticas, crean una atmósfera desagradable y dan lugar a sospechas, mientras que una sonrisa genuina nos proporciona mucha satisfacción. ¿Cómo la conseguimos? Desde luego no a través de la ira, los celos, la codicia o el odio, sino mediante la bondad amorosa, una mente abierta y la sinceridad.

Si eres sincero, no tienes nada que ocultar y recibes a cambio una actitud abierta. Éste es el verdadero canal de la comunicación humana, no es un mero acto de habla superficial. Por experiencia propia, he observado que a veces me resulta muy fácil comunicarme sinceramente con otra persona, incluso aunque no hable su idioma. Pero en otras ocasiones me es difícil no actuar con malicia.

Cuando las personas tienen poder, los demás tienden a revolotear a su alrededor. Creo que desde que me concedieron el Premio Nobel de la Paz tengo más amigos. Estos amigos puede que no sean muy dignos de confianza. La gente famosa, con poder o rica suelen tener muchas amistades. Estos amigos, en realidad, puede que no sean verdaderos amigos, puede que sólo se sientan atraídos por la riqueza o el poder. Si esa persona pierde su poder o la riqueza, los amigos desaparece. Considero que esa clase de amigos no es recomendable.

Los verdaderos amigos comparten una verdadera proximidad y siguen siendo amigos, independientemente de las fluctuaciones de sus fortunas. Esa preocupación por los demás es una gran virtud, pero también es egoísta en cierto sentido, puesto que en último término es en nuestro propio beneficio e interés. Con frecuencia les digo a mis amigos que si hemos de ser egoístas, hemos de serlo inteligentemente. Si somos sinceros tendremos amigos de confianza y nos beneficiaremos mucho. Si rechazas a los demás, te olvidas de su bienestar y sólo piensas en ti mismo, al final tú serás el perdedor.

De modo que la estructura básica de la sociedad humana requiere un sentido de responsabilidad basado en el altruismo y la compasión. La fuente última de felicidad es el altruismo. El éxito en la vida depende de la determinación, de la voluntad y del valor. Y la fuente de este valor y determinación es el altruismo. A veces la ira y el odio crean una especie de energía y determinación. Esta determinación, sin embargo, rara vez tiene buenas consecuencias, porque la energía creada por la ira y los celos es ciega, dañina e incluso puede ser letal.

La técnica o método budista para mejorar la mente se basa en la teoría de la interdependencia o pratityasamutpada. Ésta se basa principalmente en las causas del dolor y el placer y en el hecho de que todo está interconectado, lo que crea una reacción en cadena. Tal como he dicho antes, la satisfacción o felicidad depende de una serie de factores. Por lo tanto, el pratityasamutpada, de hecho, amplía nuestra visión del mundo. Nos muestra que todo está vinculado en beneficio nuestro. Como es natural, esto nos permite desarrollar un interés por la perspectiva más amplia. Comprender esta teoría y ponerla en práctica puede fomentar la bondad y la compasión y aplacar nuestra ira y odio.

 

Según el budismo, existe una relación proporcionada entre causa y efecto, en la que el dolor y el placer desempeñan su función. La causa inmediata es el karma. Karma significa acción. Los acontecimientos del mañana dependen de nuestras acciones del presente, los acontecimientos de este año dependen de los del año pasado, mientras que los de este siglo están conectados con los de los siglos anteriores. Las acciones de otras generaciones anteriores afectaron a las vidas de las generaciones posteriores. Esto también es una forma de karma. Sin embargo, existe una diferencia entre las acciones llevadas a cabo por un grupo de personas o de seres vivos en conjunto, y las realizadas por una persona sola. En los casos individuales, las acciones de los primeros años de nuestra vida repercuten en los años posteriores de la misma.

¿Cuál es entonces la fuente de la acción? ¿Cuál es la motivación de la mente? Y lo que es aún más importante, ¿qué es la mente? ¿Es el cerebro o es algún tipo de energía producida por el cerebro? La respuesta es: ambas cosas. Es ambas cosas, porque mientras el plano más burdo de la conciencia es el producido por el cerebro, la fuente última de la misma es la conciencia más sutil y profunda que no depende del cerebro. Entonces, ¿cuál es la causa última y más sutil de la conciencia? Hay dos causas: una “sustancial” y una “cooperativa”.

A los seres humanos nos ha costado mil millones de años llegar a nuestro estado actual. Durante tres o cuatro mil millones de años no había vida; sólo algunas células primarias. A pesar de la evolución humana, seguimos formulándonos la misma pregunta: ¿por qué se ha manifestado todo el universo o esta galaxia? ¿Cuál es la razón? Podríamos decir que no hay razón o que ha sucedido de repente, pero hoy en día esa respuesta no nos convence.

Otra respuesta es que ha sido la obra del Creador o de Dios. Pero para la filosofía budista y jainista esta visión no es válida. La respuesta budista es que se ha creado como resultado del karma de los seres que utilizarían estas galaxias. Pongamos el ejemplo de una casa. Una casa existe porque hay un constructor que la edifica para que pueda ser utilizada. Del mismo modo, puesto que había seres que podían habitar o utilizar esta galaxia, su karma llegó a producirla.

No podemos explicar esto basándonos en algo físico, sólo en la continuidad de la mente. La conciencia o mente más sutil no tiene principio ni fin. Ésa es su naturaleza primordial. No me estoy refiriendo a la naturaleza absoluta. Incluso en el plano convencional, la naturaleza primordial de algo es pura. La mente burda, cuyas raíces se anclan en la conciencia, tiene su propia naturaleza última que es pura. Puede estar tanto bajo la influencia de emociones negativas como de pensamientos positivos. Todas las emociones negativas se fundan en la ignorancia y éstas no tienen una base sólida.